El crecimiento empresarial rara vez ocurre de forma ordenada. La mayoría de las organizaciones avanzan resolviendo necesidades puntuales: un sistema para ventas, otro para inventario, quizá una herramienta adicional para facturación o reportes. Durante un tiempo, ese enfoque modular funciona porque permite avanzar rápido sin rediseñar toda la operación.
El problema aparece cuando la empresa crece lo suficiente como para que esa arquitectura deje de ser invisible. Procesos duplicados, datos que no coinciden y decisiones que requieren validar información en múltiples sistemas dejan de ser excepciones y comienzan a convertirse en fricción diaria.
En ese punto surge una pregunta estratégica: ¿conviene mantener un modelo modular o evolucionar hacia un ERP integrado?













