Durante años, Excel ha sido una herramienta confiable para muchos directores. Permite organizar información, construir modelos propios y mantener una sensación directa de control sobre la operación. Para empresas en crecimiento — especialmente aquellas que han evolucionado de forma orgánica — las hojas de cálculo suelen convertirse en el eje silencioso de la gestión diaria.
No es casualidad. Excel ofrece flexibilidad, rapidez inicial y una autonomía operativa difícil de sustituir. El problema no aparece al inicio. Surge cuando el crecimiento cambia la naturaleza de la operación y la herramienta deja de responder al nuevo contexto, aunque aparentemente todo siga funcionando.
El reto real no consiste en decidir si Excel es bueno o malo. El punto clave es reconocer el momento en que deja de aportar control real y comienza a sostener una ilusión de orden que exige cada vez más esfuerzo invisible para mantenerse.













